Payasos                                                                                                                                                                                                                                             Home

Ilustración y pequeño relato para Revista Mamba, 2018


Lo vi de espaldas y casi no lo reconozco. Había que verlo de frente porque si no eran todos iguales: una cabezota blanca, un sombrero y un cuello parecido al que se ponían los escritores de antes. Tenían corbata. El cuerpo era siempre distinto.

Sé que tres o cuatro de ellos se movían entre los patios, por el sol o por la sombra, pero siempre de cara a nosotros. A veces, cuando no estaban en las esquinas acostumbradas, uno se los encontraba detrás de un muro, con esos ojos salidos y la boca llena de avispas.

Por eso cuando lo vi lo confundí con otro. Estaba de cara al muro del segundo patio. Yo entré por la escalera del parque porque ese día me tocó volver de noche. Lo vi por detrás y pensé que era el azul. Pero era el rojo, al que habíamos puesto de palo izquierdo cuando jugamos por la tarde. Al final le dábamos balonazos solo para reírnos.

Escuché un sonido que me pareció normal porque es lo que suena cuando las señoras que limpian arrastran las canecas a la calle. Entonces no me voltié de una. No había llegado al corredor cuando sentí un ruido de botellas que se golpeaban. Primero me atacaron las avispas, después vi la boca encima mío.